¿En qué estadio de su evolución política se encuentra Marruecos? ¿Será capaz el nuevo “talante” de Rodríguez Zapatero de vencer la fuerza gravitatoria de los conflictos territoriales y los prejuicios que han dominado las relaciones con Marruecos durante siglos? En los próximos cuatro años lo veremos.
Domingo del Pino.Publicado en Política Exterior nº 104. Marzo / Abril 2005
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l año 2005 ha comenzado, y está previsto que concluya, con un notable esfuerzo de la política exterior española por reafirmar, de manera simbólica y práctica, su interés por el Mediterráneo y en especial por Marruecos y el Magreb. La visita de Estado realizada a Marruecos por los reyes de España (17-19 de enero), estuvo realzada por la decidida voluntad de Rabat y Madrid de proporcionarle la máxima cobertura informativa para destacar lo que se ha calificado de reencuentro.
El aspecto magrebí de esta política exterior quedó confirmado a finales de febrero con la visita a Madrid del presidente argelino, Abdelaziz Buteflika, para presidir la delegación oficial que le acompañaba para la segunda reunión de alto nivel entre los dos gobiernos, desde que se reiniciaron las relaciones tras la firma en octubre de 2002 del tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación.
El segundo gasoducto directo entre Almería y Orán que completa pero también independiza los suministros gasísticos españoles del paso por Marruecos, negociado por el anterior gobierno español, constituye el plato fuerte de la visita y de la relación estratégica de España con Argelia. Si, además, el puente logístico Orán-Alicante llega a ser realidad algún día, tendremos ante nosotros un vínculo bilateral con Argelia tan insoslayable como el que España mantiene en la actualidad con Marruecos.
Es una visión conforme con los intereses exteriores españoles que consagrará el éxito de la ambición permanente de todos los gobiernos por establecer y desarrollar una política global, estable e institucionalizada con una región del mundo que constituye, junto a Europa y América Latina, uno de los tres pilares clásicos de la proyección exterior de España. Este 2005 debe concluir en apoteosis mediterránea en noviembre, décimo aniversario de la cumbre euromediterránea de Barcelona celebrada ese mismo mes de 1995, con una segunda cumbre que relance un proceso que no deja de ser objeto de críticas en el Sur debido a la modestia del balance entre logros y expectativas.
esde la independencia de Marruecos en 1956 las relaciones con España han estado siempre condicionadas por dos circunstancias fundamentales: los contenciosos territoriales y las complejas percepciones entre los dos pueblos, derivadas de una densidad histórica y una promiscuidad humana – consanguinidad incluso – sin precedentes en otros escenarios culturales. Desde la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid de 1975, la inestabilidad en las relaciones bilaterales ha sido importante debido a la insatisfacción de una parte de los poderes españoles, de la sociedad y de la ciudadanía por una solución considerada promarroquí del franquismo moribundo.
Pero 1975 fue también año de cambio en la jefatura del Estado en España. A un dictador con los mismos poderes que el rey Hassán II le sucedió un rey limitado, a partir de 1978, por una Constitución que, al igual que en los países europeos democráticos, devolvía el poder ejecutivo a los gobiernos legítimamente elegidos. Hassán II se preguntaba, desaparecido Franco, cómo continuar con la nueva España la misma relación personal que había mantenido con Franco. Sobre la solución de ese dilema del monarca alauí arroja alguna luz un interesante artículo el ex diplomático marroquí, Jamal Eddin Mechbal, testigo de excepción de aquellos años en las relaciones entre los dos países.
Según cuenta Jamal Eddin, Maati Jorio, que había sustituido a Abdelaziz Filali como embajador de Marruecos en Madrid, recibió el encargo de Hassán II de sondear a la clase política dirigente española para saber hasta qué punto podría continuar llevando personalmente lo importante de sus relaciones con España con el rey Juan Carlos, limitado por la Constitución y sin funciones ejecutivas. José Solís, el entonces secretario general del Movimiento, diría al embajador marroquí que la Constitución española limita efectivamente el papel del rey, pero que éste dispone de poderes no consagrados en la Constitución que permiten esa relación personal entre reyes que Hassán II deseaba.
Al parecer Solís añadió que entre reyes las relaciones irían mejor porque “las monarquías son solidarias entre ellas”. El primer viaje de Estado del rey Juan Carlos a Marruecos, en 1979, fue el resultado de esa conversación, según sostiene Jamal Eddin, quien afirma además que durante aquella visita se acordó el primer y auténtico programa de relaciones hispano-marroquíes en el campo de la economía y la cultura, y se trataron por primera vez asuntos sociales, entre ellos la regularización de los marroquíes sin contratos ni permisos españoles, un acuerdo de seguridad social, y se diseñó la primera Operación Tránsito (de trabajadores marroquíes en Europa) por territorio español.
Los hechos posteriores confirman lo que es una constante en cierta medida contra natura: las relaciones entre Madrid y Rabat, durante las legislaturas socialistas de Felipe González y la actual de José Luis Rodríguez Zapatero han sido mejores que las establecidas con los marroquíes por los gobiernos de la UCD y del PP, aunque los problemas que todos han tenido que afrontar con Marruecos hayan sido y sean parecidos. La pesca confirma esta apreciación. En el primer año de gobierno socialista, en 1983, España y Marruecos concluyeron el primer acuerdo a largo plazo (cuatro años) que ponía fin a la inestabilidad del sector pesquero español bajo los gobiernos de la UCD, durante los cuales se llegaron a firmar, después de laboriosas negociaciones, acuerdos de pesca de hasta solamente 48 horas de duración. El último expiró, sin posibilidad de prórroga, a finales de 1999, casi al término del primer mandato de José María Aznar.
No tiene nada de particular que con motivo del actual reencuentro el comisario europeo de Pesca, Joe Borg, haya visitado Madrid y Rabat el pasado enero y que la Unión Europea y Marruecos estén a punto de concluir, al cabo de cinco años, un nuevo acuerdo que permitirá el regreso de la flota española a los caladeros marroquíes. Los dos países han resultado muy perjudicados por la falta de acuerdo y aunque parte de los daños sufridos son irreparables, un nuevo convenio de pesca siempre es una buena noticia y un indicador más del estado de las relaciones entre Madrid y Rabat.
ste nuevo talante puede ser duradero? ¿Qué cambia ahora y qué incidencias pueden tener esos cambios sobre los complejos expedientes abiertos, que son recurrentes e independientes de la ideología de los gobiernos de turno? ¿En qué estadio de su evolución política se encuentra el país vecino y cuál es su futuro previsible? ¿Qué ocurre con nuestras percepciones de Marruecos – y las de los marroquíes de España – que dan lugar a que unos y otros sigamos siendo incapaces de contemplarnos y juzgarnos de forma objetiva?
Responder a estas preguntas parece necesario porque no solamente en España la prensa y los ciudadanos pueden perturbar un viaje real. La visita a Tetuán para colocar la primera piedra de la nueva universidad hispano-marroquí tuvo que ser suspendida porque el historiador marroquí, Ben Azzuz Hakim, quien ha solicitado varias veces a los reyes de España que pidan perdón a los musulmanes por su expulsión de la misma manera que lo pidieron a los judíos, y algunos actos organizados por él para coincidir con la estancia de los reyes en Tetuán, llevaron a los organizadores marroquíes y españoles a preferir anular la visita antes de que la etapa tetuaní pudiera empañarla.
La paradoja de las relaciones con Marruecos está en que los gobiernos, ya sean del PP o delPSOE, han de conducir en la práctica las relaciones con Marruecos de la misma manera, al menos en lo económico, comercial y financiero. Las diferencias entre ellos suelen proceder del tratamiento de las controversias territoriales, que aparecen en filigrana en la mayoría de los tratos hispano-marroquíes, de un punto de vista diferente sobre la cuestión del Sahara occidental, y de la forma de gestionar los dominios inmateriales como las percepciones, los sentimientos, lo simbólico y lo histórico del multisecular devenir que la geografía impone.
Esas diferencias afloraron por primera vez de manera acusada durante la segunda legislatura del PP, tanto en la recreación de la historia común con Marruecos, de nuevo planteada con tintes pretendidamente albornocianos pero en realidad rudimentarios, como en los intentos de reinterpretación de un periodo aún tan sensible de la historia de España como es la república de 1936, el levantamiento posterior contra el poder legítimo y los 40 años de franquismo.
Un experto marroquí en las relaciones con España, el ex ministro Mohamed Larbi Messari, no parecía dejarse llevar por la retórica oficial y respondía a la televisión de su país, cuando le preguntaban qué ha cambiado entre España y Marruecos, que existe _de nuevo el respeto y la buena voluntad_”. Con razón, porque España y Marruecos siguen teniendo que hacer frente a los habituales problemas como la inmigración clandestina y las mafias que trafican con seres humanos, la inseguridad que se extiende en las zonas contiguas y la delimitación de los respectivos espacios marítimos, agudizados por las concesiones que cada país ha hecho a compañías petroleras en aguas que el otro considera de su jurisdicción y soberanía.
Esas concesiones, tanto en el Mediterráneo como en el espacio canario sahariano remiten en último extremo y de ahí su trascendencia al contencioso territorial que Marruecos mantiene con España por Ceuta, Melilla y las islas mediterráneas, y al conflicto del Sahara occidental. Es indudable que el respeto y la buena voluntad que menciona Larbi Messari, y una mayor generosidad como parece dispuesto a tener el gobierno de Rodríguez Zapatero, han cambiado de manera radical el estado de ánimo en Marruecos. Se trata de un cambio fundamental porque son los estados de ánimo los que más han influido positiva o negativamente en la multisecular historia compartida con Marruecos, pero que no cambia la naturaleza de los problemas.
a inmigración irregular es un grave problema entre los dos países que el Reglamento recién aprobado para la aplicación de la última ley de extranjería – en la práctica una nueva amnistía a los inmigrantes irregulares – apaciguará temporalmente. Sin embargo, como ya advertía un semanario marroquí, la inmigración irregular seguirá siendo un problema entre los dos países mientras marroquíes y sub-saharianos no vean más horizonte personal que emigrar.
Luego está la inseguridad creciente en los espacios trans-fronterizos y el efecto contaminante sobre éstos, derivado de una economía del norte marroquí articulada alrededor de la droga, cuyo cultivo ha ido en constante ascenso, y cuya peligrosidad se ve agravada por la colaboración que, según los juicios llevados a cabo en Marruecos contra terroristas o presuntos terroristas, se ha establecido entre las mafias de la droga y el tráfico de personas con el terrorismo.
La crónica de sucesos de ciudades como Marbella, Fuengirola, Málaga, etcétera, confirma lo anterior. En cuanto a Ceuta, Melilla, las islas mediterráneas y el Sahara occidental, ningún gobierno, conservador o socialista, dispone de un margen de maniobra superior al otro. Ya sea porque una cosa son las intenciones y las políticas de los gobiernos y otra la concreción de esas políticas después de pasadas por el tamiz de unas administraciones que, salvo en los cargos de confianza que cada gobierno cambia, son las mismas, o ya sea, sobre todo, porque la opinión pública y la sociedad española no permiten ni al PP ni al PSOE ignorar sus sentimientos profundos, los dos gobiernos se mueven en un margen estrecho de decisión.
Sólo durante la segunda legislatura de Aznar se rompió el entendimiento existente por mantener las discrepancias territoriales bajo control y ocurrió lo que la ex ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, llamó el sucedido de Perejil. Pero es cierto que aunque no se mencione, que sí se hace, la cuestión de Ceuta y Melilla está siempre presente, incluso de forma subconsciente, en el ánimo de empresarios, de potenciales inversores y de políticos.
En las circunstancias presentes y en atención a las repercusiones que esa reivindicación marroquí tiene en las relaciones bilaterales, lo más razonable sería lograr de Marruecos una garantía, aunque sea tácita, de respeto de la legalidad internacional, es decir, de las fronteras internacionalmente reconocidas a España, que son hoy igualmente fronteras de la UE. Ello con total independencia – no sería posible esperar otra cosa – de que mantenga íntegra su reivindicación histórica. Así convencería a los españoles de que sólo intentará solucionar el problema por medios pacíficos, lo que permitiría que los dos países puedan conducir sus relaciones, al menos en la próxima década, libres de esa hipoteca política.
A fin de cuentas el paso del tiempo, de un tiempo que cada vez corre más deprisa, proporcionará una solución casi natural a ese contencioso. Parte de esa solución procederá de la construcción del puerto mediterráneo que Marruecos ha emprendido en Fnideq, de la enorme zona o zonas francas que se propone establecer desde Tetuán a Ceuta y, sin duda, del desmantelamiento tarifario que comenzará gradualmente a partir de 2007 para ser total en 2012, como parte de una zona de librecambio (ZLC) euro-mediterránea.
l programa de cooperación trans-fronteriza Interreg III promovido por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder), y la cooperación al desarrollo del norte de Marruecos, ya establecida por la Junta de Andalucía, así como la exhortación a los potenciales inversores españoles a prestar más atención al vecino del sur, que tanto destacó el rey Juan Carlos durante su visita, parece ser la vía correcta para responder a esa reivindicación marroquí y continuar tejiendo ese entramado común de negocios e intereses, del que mucho se ha hablado en las dos últimas décadas, y que ambos países deberían convertir también en motor del encuentro entre las dos sociedades
civiles.
El proyecto de túnel ferroviario de doble vía bajo el Estrecho sigue siendo percibido por la opinión pública y buena parte de la clase política española como el sueño faraónico de Hassán II. Pero el esfuerzo financiero y la dificultad técnica que exige no parecen superiores a los del túnel ferroviario bajo el canal de La Mancha, o al de la construcción de 50 kilómetros de metro soterrado en Madrid. Nadie está hoy en condiciones de anticipar si en 2025 o 2050 un túnel de esas características seguirá siendo una visión faraónica o será útil a España y Marruecos, a Europa y África.
Mientras tanto, España es ya el segundo socio económico de Marruecos y, a veces, como en 2003 y debido a la compra por Altadis del 80 por cien de la Régie de Tabac marroquí, que emplea a 20.000 personas, se convierte en el primer inversor. Aparte de las grandes obras realizadas en Marruecos por empresas españolas, como el gasoducto del Mediterráneo que enlaza Argelia con España a través de Marruecos, de la importante presencia de Telefónicacomo adjudicataria de una licencia GSM primero y ahora con la deslocalización de la mayor parte de su servicio de telemarketing y atención al cliente, España está unida ya por dos conexiones eléctricas con Marruecos, una de cuales se integra en los corredores eléctricos europeos y debe enlazar la red eléctrica marroquí con España y Francia.
De la misma manera, el segundo gasoducto Orán-Almería-Francia se integrará también en el corredor gasístico europeo, con lo que comienza a estar claro el hecho capital, en lo estratégico, de que las relaciones de España y de la UE con Marruecos van en paralelo y son inseparables de las relaciones con Argelia. A estas empresas y proyectos se añade la reciente inauguración por los reyes de la planta de ciclo combinado de Tahaddart, encargada por Energía Eléctrica de Tahaddart, de Tánger, en la que la Office Nationale de l’Eléctricité (ONE) marroquí, tiene el 48 por cien, la española Endesa el 32 por cien y la alemana Siemens el 20 por cien. Se trata de un proyecto importante, en el que Endesa ha invertido 284 millones de euros, que producirá cerca del 20 por cien de la energía eléctrica de Marruecos y, cuando el sector se liberalice en los próximos años, permitirá exportar energía al corredor eléctrico europeo.
Los gobiernos manejan con frecuencia la cifra de 800 empresas españolas establecidas en Marruecos, un número que puede crecer si los empresarios españoles se sienten tentados por la oferta marroquí de ceder durante 40 años en explotación 90.000 hectáreas de antiguas tierras de colonización de la Sociedad de Desarrollo Agrícola (Sodea) y la Sociedad de Gestión de las Tierras Agrícolas (Sogeta) que sus administradores marroquíes no supieron gestionar con la eficacia que el gobierno les exigía.
Otras muchas y destacadas empresas españolas están instaladas en Marruecos, la mayoría en el marco de la tendencia a la deslocalización y a la búsqueda de salarios bajos. Mencionarlas a todas, incluso sólo a las más importantes, sería demasiado prolijo. Pero cabe resaltar que España, Francia y otros países de la UE, por la relevancia de sus proyectos en Marruecos y por el carácter estratégico de algunos de ellos, han comenzado de facto la integración de la economía marroquí en la europea.
a verdadera situación económica de Marruecos tiene dos lecturas posibles. La de las cifras y datos macroeconómicos que produce el gobierno, y la del ciudadano de a pie que juzga por sus posibilidades de tener una vida digna y aceptable desde todos los puntos de vista, económicos y políticos. Una vida, en definitiva, que puede medirse por lo que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) establece para apreciar el buen gobierno de los países, y según el Informe mundial sobre desarrollo humano, sitúa a Marruecos en el penúltimo lugar entre los países del Magreb. Sólo Mauritania, un país pobre, está detrás, y del mundo árabe sólo figura por delante de Sudán y Yemen.
El informe por países elaborado por The Economist Intelligence Unit, en sus previsiones para 2005-2006 augura a corto plazo un periodo estable para Marruecos, pero añade que la estabilidad a largo plazo estará condicionada por la capacidad para reducir los altos índices de desempleo y pobreza. El informe señala que después de los atentados de Casablanca (16 de mayo de 2003) la principal preocupación de Marruecos ha sido la seguridad, pero advierte de que a medida que la memoria de los atentados se vaya desvaneciendo, el régimen “será juzgado por su éxito al tratar los elevados índices de desempleo y pobreza después de años de estancamiento económico, exclusión social, baja productividad, nepotismo y corrupción”.
Desde el punto de vista macroeconómico, Marruecos mantiene desde 2000 un crecimiento delPIB del cinco por cien, una inflación controlada en niveles aceptables (2,2 por cien para 2004), ha reducido el servicio de la deuda a 16.600 millones de dólares en 2004 (frente a 20.700 millones en 2000) lo que también ha llevado el porcentaje de PIB destinado a hacer frente a la deuda al 14,5 en 2004 (20,7 por cien en 2000), y ha mejorado su comercio exterior, aunque el crecimiento de las importaciones sigue siendo superior al de las exportaciones.
Las transferencias de los trabajadores emigrados han pasado de 1.443 millones de euros en 1997 a 3.066 millones en 2003. Las reservas monetarias cubren unos 12 o 13 meses de importación, el turismo genera 2.886 millones y globalmente la economía ha logrado ser autónoma de los imprevistos climáticos, según la descripción del ministro de Economía, Fatalá Ualalú. En este escenario, España es hoy el segundo socio económico de Marruecos, después de Francia, y proporciona el 16,4 por cien de las importaciones marroquíes y recibe el 13,6 por cien de sus exportaciones. El futuro, con un Marruecos integrado en la ZLC euro-mediterránea, en el acuerdo de Agadir (Egipto, Jordania, Túnez), en una ZLC con Estados Unidos, y otra con Turquía, y probablemente con un acuerdo preferencial con Mercosur, será mucho más competitivo.
Los avances de Marruecos es algo que parte de los españoles no queremos ver aunque el país está en un proceso de transición diferente del español, pero de un significado político comparable. En algunos casos, como el del juicio del régimen anterior, es probablemente más profundo y valiente. Las audiencias públicas televisadas que en diciembre pasado permitieron a las víctimas de la represión de los llamados “años de plomo” del reinado de Hassán II exponer las torturas, sevicias y abusos de todo tipo de que fueron objeto demuestran la valentía del régimen de Mohamed VI, al fin y al cabo, su hijo y heredero.
Es verdad que las comparecencias ante la televisión pública fueron pactadas para no mencionar el nombre de los torturadores (aunque sí lo han hecho en entrevistas a la prensa) pero esto no disminuye el valor simbólico del experimento que, además, tiene lugar a tan sólo cinco años de la desaparición de Hassán II. La opinión pública, las organizaciones de derechos humanos y la Instancia Equidad y Reconciliación (IER) que promovió este proceso piden ahora que se puedan citar los nombres de los torturadores en televisión y la cadena de mandos a quienes obedecieron. Otros añaden que no basta con denunciar, sino que es necesario que intervenga la justicia para que los responsables de aquellos sucesos sean juzgados. He ahí un asunto para seguir con atención durante este año.
lgunos analistas marroquíes sostienen que la monarquía quiere, con esas audiciones, cerrar aquella etapa y pasar página. Sean cuales sean las intenciones del régimen, el hecho es que se ha abierto un proceso cuya evolución nadie puede controlar, que dominará la vida política marroquí en 2005. Tampoco queremos admitir los españoles que en Marruecos existe hoy una prensa y unos periodistas dinámicos y profesionales, que escriben y publican con gran libertad. El cambio del panorama mediático marroquí en la última década, a pesar de las limitaciones que aún padece, ha sido espectacular.
Aquellos aburridos periódicos de partidos, que eran la única oferta que se podía encontrar en el quiosco, han tenido que modernizarse para competir con medio centenar de títulos nuevos editados por empresas periodísticas. Muchos de ellos son de una calidad excelente. Los profesionales han dejado de cacarear las versiones oficiales de antaño y realizan un buen periodismo en el que aparentemente nada les está vedado.
Prueba de ello es la variedad de apreciaciones a que da lugar el llamado “reencuentro” entre España y Marruecos. Unos han criticado que durante la visita de los reyes no se haya tratado ningún expediente importante. Otros consideran que el gobierno español parece tener un discurso en Argel y otro diferente en Rabat. Hasta las condecoraciones a una docena de personalidades marroquíes han sido objeto de controversia.
Para unos, el gobierno ha querido con ellas acercarse a la clase francófona marroquí y al entorno del rey; para otros, ha intentado agradar a los jefes de la seguridad marroquí, y no han faltado quienes se han quejado de que se hayan dado medallas a los francófonos y no a los hispanófonos. En este panorama de ostensible libertad de expresión, llama la atención el derribo del muro de silencio que protegía a la institución monárquica de toda crítica. ¿Por qué? La respuesta la proporcionaba el semanario Le Journal: “Si el rey ostenta prácticamente todos los poderes, no poderle criticar sería privar a los marroquíes de sus derechos políticos”.
La publicación a principios de enero de un artículo titulado “El salario del rey”, con detalles sobre las retribuciones del monarca, su familia, su corte, sus instituciones benéficas y sus oficinas, no tiene precedentes en la historia del periodismo marroquí. No es que el salario del rey fuera un secreto. Aparecía todos los años en los presupuestos del Estado. Lo que ocurre es que existía alrededor de esos datos una especie de tabú que hacía que ni siquiera los diputados, que supuestamente tenían que aprobarlos, se arriesgaran a examinarlos.
En realidad, el salario del rey, aunque sea un rey muy bien pagado, no es el problema que ha intrigado a los periodistas marroquíes y extranjeros, sino la fortuna personal del monarca. La revista estadounidense Forbes la valoró hace una década en 4.000 o 5.000 millones de euros. Teniendo en cuenta que Mohamed V tenía una fortuna personal modesta cuando accedió al trono de Marruecos en 1956, podemos imaginar los negocios que tuvo que hacer Hassán II para reunir esos ahorros. Pero no sólo la monarquía se ha enriquecido. A lo largo de 2003 y 2004 los analistas españoles hemos incidido con frecuencia en el “efecto llamada” que supone el diferencial de renta (uno a 13) entre marroquíes y españoles.
Al hacerlo, hemos pasado por alto lo verdaderamente importante: el “efecto rechazo” que producen diferenciales de renta muy superiores entre los propios marroquíes. Tras la independencia de Marruecos y según estudios de sindicatos y partidos políticos, el 40 por cien de la población acaparaba el 60 por cien de la renta nacional. En 1980 y tras 19 años de reinado de Hassán II, el 20 por cien de la población acaparaba el 80 por cien de la renta. La respuesta verbal de Ualalú a un diputado que se interesaba por los salarios de los altos cargos de la función pública – el Estado marroquí, que emplea a casi 800.000 funcionarios, cuya masa salarial absorbe el 12,8 por cien del PIB, es el mayor empleador de Marruecos – confirmaba que las diferencias salariales en la administración y en las empresas públicas pueden llegar a ser 333 veces el salario más bajo.
De acuerdo con los datos del ministro, el 80 por cien de los funcionarios cobra salarios que oscilan entre 136 y 426 euros al mes, un sueldo que en su tramo más alto ni siquiera alcanza los 453 euros mensuales que reciben los altos funcionarios de la administración y los directores de empresas públicas para gastos. Esos gastos complementan retribuciones que los altos cargos perciben y que oscilan en la administración entre los 2.739 y los 11.329 euros mensuales, y en las empresas públicas entre los 18.136 y los 45.316 euros mensuales. Es decir 106 veces el salario máximo en la administración y 333 veces el salario mínimo. En el sector privado, tanto en la industria como en la agricultura, los ratios entre salarios bajos y altos, entre riqueza y pobreza, son aún más acusados.
Paradójicamente, es la reforma, el adelgazamiento, de la función pública lo que se propone acometer el gobierno marroquí durante 2005 y los próximos años mediante jubilaciones anticipadas y bajas incentivadas. Unos 20.000 empleos públicos parece que serán amortizados en la primera fase. El programa, desde el punto de vista del empleo, llega en el momento más inoportuno. La eliminación desde enero de 2005 del sistema de cuotas del Acuerdo Multifibras de la Organización Mundial de Comercio ha hecho calcular a economistas marroquíes que Marruecos puede perder unos 50.000 empleos por ese motivo.
A ello se añade que a pesar de las buenas perspectivas de la economía en 2004, no ha habido consecuencias positivas sobre la creación de empleo. Por el contrario, el desempleo neto aumentó en cuatro décimas porcentuales. La economía marroquí sigue siendo pues el talón de Aquiles, no porque vaya mal o que el PIB no crezca, sino por su aparente incapacidad para crear empleo neto y, obviamente, por las grandes desigualdades en el reparto de la renta que ha propiciado y que propicia.
a pregunta inevitable después de 29 años de conflicto, es si la cuestión del Sahara occidental está realmente en vías de solución o no. Ahora hay que agregar un interrogante más: ¿qué está haciendo, qué preconiza realmente el gobierno español? El ministro que más confusión introdujo fue sin duda Marcelino Oreja cuando hizo suyo aquello de que “cedimos la administración pero no la soberanía”. Después todos los ministros han aportado su granito de arena a esa confusión. Se habló unas veces de neutralidad, de neutralidad activa, de que España ya no tiene obligaciones con respecto al Sahara. Lo último, según el embajador español en Rabat, Luis Planas, es que “España ha cambiado su posición de neutralidad activa a la de la búsqueda activa de un compromiso en el marco de una solución negociada entre las diferentes partes”. Suficiente para preguntarnos si los idiomas se crearon para poder expresar las ideas con claridad.
¿Para qué estamos mediando o cuál es el margen de cualquier mediación? Las Naciones Unidas han emitido medio centenar de resoluciones relacionadas con el Sahara occidental. Todas sin excepción, remiten a los principios globales de la descolonización, que incluyen a su vez el derecho de autodeterminación de los pueblos. Es cierto también que nadie ha logrado forzar a un país que ocupa un territorio, lo ha integrado y lo administra, a abandonarlo pacíficamente. Mucho menos cuando en el caso del Sahara los únicos que podrían forzarle son sus amigos.
En el asunto del Sahara occidental es evidente que el más perjudicado hasta ahora ha sido el pueblo saharaui, y que ni Marruecos parece dispuesto a renunciar a una soberanía que considera adquirida sobre el territorio, ni el Frente Polisario a abandonar la reivindicación de autodeterminación. A la vista de la evolución del contencioso, en la ONU parece claro que uno de los principales obstáculos en el presente es que la autodeterminación pueda incluir como posibilidad la independencia del territorio. Marruecos avanzó la posibilidad de conceder una autonomía amplia pero internamente sólo ha hablado, y sus provisiones constitucionales lo confirman, de organización del territorio sobre la base de distinción entre las regiones.
Más aún, la autonomía amplia fue cuestionada por algunos sectores influyentes, incluyendo el ahora activo y locuaz exiliado político y ex ministro del Interior, Driss Basri. Algún que otro medio ha hablado de una solución federal, pero aparte de la dificultad de armonizar una federación de Estados en una Constitución con una monarquía absoluta que detenta en la práctica todos los poderes, la idea entusiasma poco a los marroquíes.
¿En qué puede consistir la mediación española, ésa que el propio rey Juan Carlos describió en Marruecos como “búsqueda de una solución negociada en el marco de las resoluciones de la ONU”? Dos intentos de mediación con Argelia, una parte importante de la ecuación, han fracasado. El propio ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Miguel Ángel Moratinos, así lo reconoció después de su visita del pasado enero a Argel. Resta para mediar solamente el Frente Polisario al que, y a la vista de cómo van las conversaciones con la ONU, solamente queda pedirle flexibilidad en su exigencia de que la independencia figure entre una de las opciones de un eventual referéndum de autodeterminación.
También es verdad que estos conflictos locales resultan extemporáneos, al menos para un Occidente que ha comprendido hace tiempo que crear riqueza y libertad es fundamental para la estabilidad de los países y de los entornos regionales o internacionales en que estos se mueven. Lograr que ese pueblo pueda regresar a su tierra, integrarse económica y socialmente en ella, prepararse profesionalmente para acceder al mercado laboral y que pueda ser ayudado a crear pequeñas empresas, justificaría la mediación española.
Lo demás será rezar y pedir que Argelia y Marruecos solucionen sus diferencias y que la integración del Magreb se haga realidad. En todo caso, el Sahara occidental acapara ahora toda la atención política de Marruecos y en abril expira el plazo de seis meses concedido por el Consejo de Seguridad y solicitado en octubre de 2004 por Moratinos para que las partespudieran llegar al ansiado entendimiento. ¿Qué puede pasar en abril si no se alcanza un acuerdo? Lo mejor, que el Consejo de Seguridad prorrogue una vez más el mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental (Minurso) y conceda una nueva oportunidad a los mediadores.
l reciente reencuentro hispano-marroquí se inscribe en una constante histórica de periodos de calma y otros de enfrentamientos. Las diferencias con que PP y PSOE se sitúan con respecto a la relación con Marruecos tienen mucho más que ver con la idea de España que cada uno de ellos defiende, que con diferencias ideológicas, en el presente mitigadas.
Se trata de ideas distintas de España que no son sólo de dos partidos sino de la sociedad española, formadas a lo largo de su devenir histórico. ¿La controversia Sánchez Albornoz-Américo Castro es aún de actualidad? Diríase que sí. En todo caso no es la visión circunstancial de dos partidos la que está en juego, sino la de los dos segmentos de la sociedad que ellos encarnan y eso remite sobre todo a las percepciones.
La crisis pasada ha confirmado que los negocios pudieron seguir y es un hecho que a un acuerdo de pesca cancelado puede sucederle otro nuevo. En lo económico, todo es negociable y de hecho negociado. Pero ¿cómo se evita que un hombre como el historiador Ben Azzuz exija al rey de España que pida perdón por la expulsión de los moriscos, y el mismo impida a un colega español exigir a Mohamed VI que se disculpe ante los españoles por habernos invadido y ocupado durante más de siete siglos?
Éste es un juego que debemos definitivamente abandonar. Españoles y marroquíes tenemos que hacer ya borrón y cuenta nueva con el pasado. De lo contrario los reencuentros como el actual o los distanciamientos como los sufridos serán un puro ejercicio entre gobiernos y empresarios. El conflicto de Perejil confirmó además que en momentos de crisis los ciudadanos están más dispuestos a cerrar filas con sus gobiernos o con sus reyes que en tiempos de paz.
Por eso no basta el colchón de intereses, sino que es necesario que las empresas que lo componen sean sensibles al esfuerzo realizado por los contribuyentes para que su instalación en el país se desenvuelva en las mejores condiciones, y contribuyan directamente, o a través de las sociedades civiles, a fomentar una mínima acción social a favor del entendimiento. Algunas empresas como Telefónica y Repsol YPF parecen tener conciencia de ello y ya hacen algo, pero es necesario que muchas más se involucren decididamente en ello.
El gobierno de Rodríguez Zapatero desea sacar las relaciones marroquíes de la fuerza gravitatoria de los prejuicios, ideas preconcebidas, movimientos subterráneos y jugadas a múltiples bandas, consolidados y perfeccionados durante siglos. En parte lo está haciendo pero pidámosle que no decline ese carácter juvenil e ingenuo, porque juventud e ingenuidad son condiciones para producir ideas nuevas. Y que tampoco olvide que los partidos en España pueden durar cuatro, ocho o 12 años en el poder, pero que la dinastía alauí reina en Marruecos desde hace más de cuatro siglos.
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