Lo que sigue es el resumen de mi inteervención en el encuentro titulado La construcción de la memoria común desde el discurso periodístico celebrado en la Fundación Euro-Arabe de Granada los días 23 y 24 de Junio de 2009. La página está abierta a todas las alusiones, respuestas o comentarios sobre el tema que deseen hacer
Intervención de Domingo del Pino Gutiérrez con el tema La construcción de la memoria común desde el discurso periodístico. El caso hispano-marroquí
23 y 24 de Junio de 2009. Fundación Euro Árabe de Altos Estudios. Granada
Debo confesar que lo repetido del mensaje que la parte marroquí nos lanza – el reconocimiento de la injusticia histórica cometida con los moriscos de la Península ibérica, pero no solo eso que sería razonable, sino otras peticiones como “que los actuales reyes de España pidan perdón”, “que se reconozca a los descendientes como españoles” -suponiendo que todos quisieran ese reconocimiento, supongo-, con nacionalidad y pasaporte español según he oído en una intervención - he sentido un cierto agobio por la responsabilidad que de nuevo se echa sobre las espaldas de mi generación y sobre las de mi profesión.
Confieso que las frecuentes y recurrentes alusiones al Testamento de Isabel la Católica, tan maldito para la parte marroquí en éste y en casi todos los encuentros hispano-marroquíes, han terminado por resultarme incómodas. Desde hace un tiempo esa panoplia de reproches se añade el de la supuesta o real utilización de gases tóxicos en la guerra del Rif que cierra el ciclo, por el momento imagino, de los reproches históricos que se nos lanzan.
Lo lamento en verdad porque me cuento entre los que quisieran construir algún futuro de cooperación con los marroquíes y con los magrebíes, que en cada encuentro la parte marroquí siempre parezca venir pertrechada con una lista de dolencias sobre nuestros comportamientos pasados, presentes y a veces pienso que hasta futuros. Siento mucho que los marroquíes nunca contemplen la historia compartida como un asunto de dos que al menos en un plano académico y en el terreno de las realidades, sería conveniente reconocer que tiene dos lecturas.
Se me escapa completamente la lógica según la cual nuestros amigos marroquíes consideran denostable el Testamento de Isabel la Católica y no se les ocurra pensar que para algunos españoles Yussuf Bin Tachfin, ocho siglos antes, pueda tener un significado simbólico parecido para los españoles; o que siglos después, judíos y cristianos españoles y norteafricanos consideren de un fanatismo similar o superior la prédica de Ibn Tumert, por ejemplo.
No entiendo tampoco el razonamientola marroquí que convierte a la expansión musulmana desde el siglo séptimo en benefactora y que la reacción de la Europa cristiana posterior sea execrable. No entiendo muy bien porque los actuales llamados asimismo descendientes de moriscos reivindican la condición de españoles y los creadores de aquella Península ibérica tri-cultural que simboliza Córdoba, en buena medida ciudadanos nativos de aquella tierra, sean recordados globalmente como árabes y/o omeyas. De la misma manera tampoco entiendo que la historia solo deba comenzar a ser reparada -si es que la historia puede ser reparada- desde los hitos que nuestros amigos y colegas marroquíes nos fijan.
Yo afirmo que estas miradas solo puestas en reivindicaciones, justificadas o no pero unidireccionales, dificultan la construcción de un entorno de cooperación y comprensión volcado hacia proyectos de futuro que, en definitiva, serían los que permitirían superar un pasado que fue lo que fue y que en ningún caso podrá ser retroactivamente de otra manera.
Uno de esos asuntos de futuro sería la cooperación entre periodistas españoles y magrebíes, que tenemos que hacer frente a situaciones profesionales a veces parecidas. Vaya por delante una observación preliminar. Soy muy escéptico en cuanto a la construcción de memorias comunes entre países distintos culturalmente como es el caso de Marruecos y España, o como podría ser el de España y Portugal, España y Cuba, o Marruecos y Argelia, Marruecos y Francia, Marruecos y el Sahara.
No creo que se construyan historias comunes solo con decisiones voluntaristas y lo que menos creo es que se pueda construir una historia retrospectiva común. Las historias respectivas se han forjado a lo largo de siglos, las han construido los pueblos con sus luchas por cumplir sus aspiraciones, y las han modelado el arte de esos pueblos, su literatura, su poesía, su ciencia, sus guerras, y los adelantos militares y civiles relacionados con esas esperanzas.
El discurso periodístico como elemento de construcción de memoria francamente no existe y en el mejor de los casos solo podría existir desde que el periodismo existe como actividad segregada de la literatura. Creo que el periodismo ha sido importante durante todo el siglo XX para confirmar o modificar percepciones históricas enraizadas pero no para la historia/memoria misma.
Reitero aquí lo que he dicho en otros coloquios y encuentros hispano-marroquíes: creo que el periodismo marroquí es hoy más vivo y más interesado en los problemas de Marruecos hacia su progreso y su transición que el actual periodismo español. Quiero decir que me parece más constructivo y más dinámico. En buena medida me recuerda a nosotros mismos, periodistas españoles, en los años sesenta y setenta. Pero los periodistas españoles estamos ahora preocupados por otros problemas, el primero y principal el de nuestra propia supervivencia como profesión, que está íntimamente ligada a la supervivencia del periódico en su forma actual.
Eso sin contar con la crisis mundial que estamos viviendo y que aparte de la pérdida de empleo periodístico neto que ya ha supuesto y los que aún se van a perder, puede servir igualmente de pretexto para acelerar la transformación, que de todas maneras es imparable, del panorama mediático español. El Presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid ya ha hablado de una pérdida de 3500 puestos de trabajo en los medios, una cifra que es la del momento en que fue anunciada, mayo de 2009.
En el presente los gobiernos y las instituciones tienen mayor papel en la creación si no de memoria común, al menos de percepciones comunes. El periodista ha perdido cotas muy elevadas de autonomía temática e informativa, de creación de imágenes, del vecino próximo o lejano, y las transformaciones ocurridas en la propiedad de los medios en beneficio del poder o los poderes económicos deja poco margen al periodista para la elección de temas e informaciones.
La Unión Europea como conjunto y los gobiernos de los países que la componen,son decisivos hoy en el lanzamiento de ideas y proyectos alrededor de los cuales evolucionan las actividades de los medios y los periodistas. Por eso las opciones de los gobiernos son hoy decisivas en la configuración del menú informativo y mediático diario. En el caso de España la prensa -como la política- está además irracionalmente fracturada en dos y con ella los periodistas y los políticos.
Afortunadamente democracia y libertad son dos logros irreversibles para los partidos Socialista y Popular que sumados reciben en periodos electorales casi el 90 por ciento de la adhesión del electorado español. Sin embargo, sus actuales enfrentamientos van mucho más allá de la lógica confrontación por el poder político en democracia, han logrado desinteresar -por utilizar una apreciación suave- al ciudadano de la res-publica en la que tanto se juega, y han sumergido el espacio político en un capillismo no ilustrado que puede que nos haya colocado en la época más huerfana de talentos políticos desde 1939.
El gobierno actual ha tomado algunas iniciativas que le distinguen de los anteriores gobiernos, tanto socialistas como populares, aunque algunas de ellas como la alianza de civilizaciones o la memoria histórica no haya sabido relacionarlas con las realidades internacionales o nacionales a que se refieren y sobre todo no haya sabido articular un movimiento intelectual de calidad para su defensa y para su explicación. Al no hacerlo, al oficializar ésta como tantas otras iniciativas que adopta, está en realidad perjudicando la evolución democrática propia de los países árabes y musulmanes en aras de una alianza de civilizaciones que, tal como la practica, sólo puede ser una alianza entre poderes.
Muy positivo y sobre todo muy solidario es que España se haya alineado con el pelotón de cabeza europeo de países que consagran o consagrarán en breve el 0,7 por ciento de su PIB a solidaridad aunque hacerlo a través de instituciones internacionales tan consumidoras de recursos y presupuestos como la ONU (o la Comisión Europea) no parezca la mejor opción. También es de extraordinaria importancia que en estos momentos de crisis el gobierno defienda a veces a un alto coste político, el mantenimiento de las conquistas sociales alcanzadas en España, pero ello no nos quita la duda de que sepa lo que está haciendo.
El gobierno socialista consagra hoy a Marruecos lo esencial de su presupuesto de cooperación exterior con el Mediterráneo y África. Somos el país europeo con más mecanismos de cooperación y diálogo con Marruecos. Por todo ello creo que quienes frecuentamos este tipo de encuentros y coloquios tenemos la responsabilidad de identificar áreas y temas comunes aptos para movilizarnos en pos de objetivos comunes de futuro que nos puedan unir, y no de historias pasadas que inevitablemente nos colocan en trincheras culturales y nos llevan a enrocamientos mentales innecesarios.
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