En cumplimiento del propósito central de este blog de abrir una puerta de reflexión común sobre temas recurrentes en las relaciones hispano-magrebíes e hispano-árabes en general, tiene la palabra en este blog, Mohamed Larbi Messari, un viejo amigo, un caballero en todos los órdenes de la vida, hispanista y probablemente el mejor conocedor marroquí de España, ex-periodista, ex-embajador y ex-ministro de la Comunicación.
Por Mohamed Larbi Messari (1)
He aquí un caso significativo ilustrado por dos personalidades, un marroquí y un español, cuyas vidas fueron íntimamente ligadas, siendo ambos protagonistas destacados de la vida política española, sobre todo a partir de la guerra civil española. Ambos pertenecen al campo de los ganadores en esa contienda, si es que se puede hablar de ganadores y perdedores en una guerra civil.
Las dos personalidades son Manuel Aznar, ilustre periodista y diplomático español, y el destacado oficial del Ejército español y después del marroquí Sid Mohamed Mizzian. Abordaré este tema a partir de un artículo escrito por el primero sobre el segundo. Dicho artículo se publico unos días después de la muerte del Mizzian, el primero de mayo de 1975, en el periódico La Vanguardia Española, de Barcelona, que dirigía Aznar hasta su muerte, el 10 de noviembre de 1975.
Durante dos décadas, cada uno en su campo de actuación, uno con el sable y el otro con la pluma, compartieron tareas que forjaron la España que perduró hasta la muerte de Franco. Se encontraron en 1936, cuando Aznar como plumista y polemista se adhiere a lo que se llamó Alzamiento Nacional, mientras que El Mizzian, como era evocado con familiaridad en la literatura oficial española de antaño, estaba en cierta manera predestinado a figurar en el bando de los golpistas que se rebelaron contra el régimen republicano.
Manuel Aznar Zubigaray, nacido en Echalar, Navarra, en 1894, militó en su juventud en el nacionalismo vasco, llegando a escribir una obra de teatro calificada de antiespañola. Pero en 1936 escogió su bando, identificándose con los ideales del Gran Movimiento Nacional, de cuño nacional-católico. Es él quien escribió un manual oficialista de historia, reeditado varias veces y titulado La Historia militar de la Guerra de España.Es a la vez el autor del prefacio de una obra emblemática: Diario de una Bandera, atribuida a Franco. Aznar Zubigaray no cambió la mesa de periodista cuando Franco le designó como embajador en Rabat, la ONU, Argentina y República Dominicana.
El otro polo de nuestra charla es Mohamed Ben Mizzian Ben Kasem, nacido en Beni Nsar cerca de Nador, en 1897 e hijo del Caid de Mazuza. Estudió Primaria en la escuela indígena de Melilla, donde enseñaba Ben Abdelkrim. Con ocasión de la visita del rey de España, Alfonso XIII, a dicha escuela, el alumno llamó la atención del monarca y este decidió apadrinar su ingreso en la Escuela de Infantería de Toledo. Fue el único alumno no cristiano admitido en dicha academia.
De alférez en 1916, al acabar sus estudios, asciende a capitán y luego a comandante, por los méritos de guerra, como era el caso de todos los africanistas de entonces. Cuando estalla el 18 de julio de 1936, El Mizzian está al lado de sus compañeros de armas y del ideario de Una, Grande y Libre. Por lo menos durante tres décadas los dos personajes pertenecían al mismo ideario que marcó la España de Franco. Los dos pertenecían al selecto grupo que el Caudillo designaba en destacados puestos de confianza.
Después de haber sido el único cadete no cristiano en Toledo, se produjo otra paradoja, cuando como capitán general gobernador de Galicia tenía que presentar la ofrenda tradicional al Apóstol Santiago Matamoros, siendo él un descendiente de esos moros. Fue también gobernador militar español de Ceuta en 1953.
En 1957, cuando Marruecos recupera su independencia, se produce un cambio en la vida profesional del destacado militar español, que se ve invitado a integrar el ejército del país recién independizado. En la monumental obra de Fernando Valderrama Martínez La Acción Cultural Española en Marruecos se cita el caso de Mizzian como ejemplo de los altos cuadros cualificados preparados por España.
En 1963 Manuel Aznar Zubigaray es nombrado por el generalísimo Franco como embajador en Marruecos. Y he aquí como nace una situación digna de reflexión. Dos protagonistas que compartieron durante toda la vida una trayectoria íntimamente ligada, se encuentran en Rabat, uno embajador, es decir representando una entidad extraña a la del otro compañero de armas, que en esas circunstancias formaba parte de la cúpula militar del país.
Es conocido que la diplomacia y la defensa son dos cuerpos que materializan la soberanía de los estados. Y he aquí cómo la soberanía está personificada en un hombre que pertenece a la defensa, frente a otro que personifica otra soberanía que pertenece a la diplomacia, estando ambos ligados a una misma memoria. Esta situación paradójica se crea justamente los años 1962 y 1963, cuando Hassan II, recién entronizado, busca arreglar con España una parte del litigio territorial.
Sabemos que a raíz del fallecido Espíritu de Barajas, Marruecos pasó a plantear el asunto de Ifni y Sáhara ante la ONU, al darse cuenta que la discusión bilateral no llevaba a nada. Años después se produce otra situación paradójica con la designación de El Mizzian como embajador de Marruecos, en un país por el cual años atrás había ofrecido su vida en combate, incluso en Annual, donde se le promueve a comandante.
Así es que una misma memoria puede no constituir la misma identidad. Se puede decir incluso que en este preciso caso una memoria funciono con dos nacionalismos. Franco propiamente acepto de cierta manera esa dicotomía. También Aznar afirmaba en el citado artículo que El Mizzian «era un hombre con fuertes convicciones religiosas». Se refería a sus propias creencias como musulmán. Si el joven Mizzian había conseguido mantener sus convicciones religiosas al ingresar en la Academia Militar, muchas décadas después se confi rmó en la misma línea, siendo padre de familia, con motivo de la boda de una de sus hijas. En dicha situación El Mizzian se había opuesto rotundamente al matrimonio porque se debía realizar según los ritos cristianos.
Franco dio la razón a su compañero de armas, rechazando las fuertes protestas de la oficialidad española. En otra ocasión Franco, expresando su fidelidad hacia un compañero de armas, se opuso a la decisión de la jefatura del ejército español cuando se pretendía retirar el título de capitán general a El Mizzian por el hecho de que dicho oficial haya pasado a pertenecer a un ejército extranjero. Henos aquí ante el caso de dos personajes, El Mizzian y Aznar, que aun teniendo la misma memoria, con el correr de los días se llevaron a ocupar posiciones de confrontación.
Puede que este caso nos haga pensar en el postulado de Moro Amigo. Incluso puede llevarnos a pensar en la literatura que surgió alrededor de la Hermandad Hispano-Marroquí que marcó el discurso oficial español en la época del protectorado. En todo caso, estas divagaciones nos llevarán a admitir que el Hommos Politicus se ve obligado a adaptarse a las condiciones reinantes; o sea, «yo soy yo y mis circunstancias».
Claro está, no voy a dar una conclusión definitiva. Terminaré no obstante con unas frases de Aznar extraídas de ese artículo que he citado. Aznar escribió: «Horas y horas de mi vida he consumido en diálogos con Mizzian acerca de España y Marruecos. Jamás cambió su tono ni mudó sus sentimientos. Pensaba igual cuando mandaba un Tabor en Alhucemas que cuando cumplía su misión de embajador marroquí en Madrid.» ¿Será que, verdaderamente, las cosas eran de este modo?
(1) El Sr. Mohamed Larbi Messari, quién dirigió durante años el diario del partido del Istiqlal Al Alam, fue ministro de Información, y es sin ninguna duda la personalidad marroquí que mejor conoce a España y las relaciones hispano-marroquíes. A él se debe la pronta comprensión por Marruecos en 1982 de que el triunfo electoral de Partido Socialista Obrero Español no representaba ninguna amenaza para la estabilidad de Marruecos como sugerían otros círculos marroquíes. Es una de las personalidades marroquíes que más ha abogado y aboga por el entendimiento cordial entre España y Marruecos, en el marco de un respeto mutuo y comprensión de posiciones a veces encontradas como en el terreno de los contenciosos territoriales. Acaba de publicar en la editorial cordobesa Almuzara el libro titulado Marruecos España. Las relaciones difíciles en el cual el presente artículo, conferencia pronunciada en un seminario sobre la Memoria Histórica en homenaje al antiguo y difunto embajador de España en Marruecos Alfonso de la Serna, forma su último capítulo.
http://www.editorialalmuzara.com
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